Visualizando el futuro

Por  Becky Mitre

Todo proyecto apuesta por un futuro mejor al presente. Sin embargo, el futuro no es obvio. Es aquí donde la visualización ayuda a sentirlo cercano y vivaz. Es decir, una experiencia previa de lo anhelado que emociona e impulsa a comprometerse en el presente. 

 

A este respecto, en reunión con un  empresario queretano en un proceso de planeación estratégica, cuestionaba perplejo: “¿Este tema de la visión está ya como pasado de moda, no les parece?”

 

La realidad es que, independientemente de la moda, y sea cual sea el término que se utilice, es indispensable trabajar en una idea clara de lo que queremos lograr, tanto  a nivel personal como a nivel organizacional. Tener un qué claro, relevante y significativo es la diferencia tanto de compromiso como de constatación de resultados en el hacer empresarial.

 

En conexión con esto cabe recordar que los seres humanos tenemos en nuestro Sistema nervioso una función llamada “Sistema de Activación Reticular”, que nos permite clasificar la información que recibimos, filtrándola y decidiendo a nivel subconsciente qué retenemos y qué dejamos pasar de acuerdo a la mayor o menor importancia que le otorgamos. Si un emprendedor quiere iniciar un negocio  de Tecnología, se encontrará con una serie de información afín a este proyecto, la información ya existía pero solo ahora resulta relevante para su mente, en cambio otra  información pasa a segundo plano e incluso se vuelve intrascendente.

 

La relevancia de tener claramente articulada una visión personal y/u organizacional es que nos permite “activar” nuestro “Sistema de Activación Reticular” para lograr la visión. Nos permite, por lo tanto, estar abiertos a negociaciones, información, tecnología, proveedores, socios, etc. que contribuyen al logro de la visión. El “Sistema de Activación Reticular” se da a la tarea de buscar el cómo llevarlo a cabo.

 

Establecer en la agenda unas horas para crear, revisar o mejorar la visión del futuro es una de las mejores inversiones de tiempo que se puede hacer, dado que dará rumbo a todas las acciones que se lleven a cabo.

 

Un modo de hacer la visualización de las metas podría ser siguiendo el esquema que sigue:

 

  • Paso 1: Antes de escribir cualquier cosa, sólo visualízate con el mayor detalle posible. ¿Dónde te ves y dónde ves a tu organización por ejemplo en 5 o 10 años? ¡Imagina! Observa en tu mente los detalles. De preferencia integrando los 5 sentidos principales: Percibe los sabores, olores, imágenes, sensaciones y sonidos de tu entorno.

 

  • Paso 2: Escríbelo con detalle. Más adelante puedes resumir o ajustar redacción. Por el momento, sólo escríbelo.

 

  • Paso 3: Léelo con profundo detalle. Cada palabra cuenta. Es fundamental poner atención a las imágenes y emociones  que generan las palabras.

 

  • Paso 4: Ajusta tu redacción asegurando que las emociones e imágenes que te generen las palabras te empoderen y sean positivas y constructivas.

 

  • Paso 5: Compártela con tu equipo y léela continuamente, visualizando exactamente cómo en el Paso 1.

 

 

En pocas palabras y a manera de conclusión, darse la oportunidad de ser ‘iluso’ exige coraje para ir más allá de lo sensato, sin embargo la vida enseña que la realidad siempre nos sorprende, por lo que no está de más recordar aquella frase de Christopher Reeve: “Al principio, los sueños parecen imposibles, luego improbables, finalmente son inevitables...” pero para ello primero habría que permitirnos pre-sentirlos a través de la visualización.